Hablando de poesía, para mí hablando de muchas otras cosas, o en general hablando de escritura, algunos lo tienen claro. Para mi no lo está tanto aunque intuyo que sería preferible hablar desde dentro, siempre así: contar lo propio. Allí está lo diferente y lo que se puede compartir. Utilizar las formas sin duda pero siempre como medio para ser más claro, comunicar, y evitando convertirlas en un fin. A mi no me gustan los disfraces prefiero el desnudo mil veces, a través de él puedo descubrir cosas propias, entender otras y evitarme crear modelos falsos a seguir: el disfraz es un engaño.
A veces me han contado que la escritura desde dentro es una terapia, con ese aire peyorativo que algunos adjudican a las terapias. Con esa media sonrisa de quién se cree muy sano mentalmente o con esa condescendencia de haber superado esa fase. Creo que la escritura es una herramienta para entenderse uno mismo, en primer lugar, y compartirlo con otros para llegar a entenderse mejor. Creo también que nunca se debe perder la perspectiva individual, de dentro y hacia adentro, por que al final y al principio también, siempre estamos solos. Aunque nos creemos constantemente recursos e ilusiones para que parezca lo contrario.
Y desde la soledad, desde la angustia o de la carcajada pretendo ser más consciente de lo que soy, esa es mi tarea. Os dejo con, Ángel González, que lo explica mejor que yo.
Manu
A LA POESÍA
Ya se dijeron las cosas más oscuras.
También las más brillantes.
Ya se enlazaron las palabras como
Cabellos, seda y oro en una misma trenza
—adorno de tu espalda transparente—.
Ahora,
Tan bella como estás,
recién peinada,
quiero tomar de ti lo que más amo.
Quiero tomarte
—aunque soy viejo y pobre—
no el oro ni la seda:
tan solo el simple, el fresco, el puro
(apasionadamente), el perfumado,
el leve (airadamente), el suave pelo.
Y sacarte a las calles,
Despeinada,
Ondulando en el viento
—libre, suelto, a su aire—
tu cabello sombrío
como una larga y negra carcajada.
Ángel González